viernes, 26 de agosto de 2011

Ausencias...


Aún sigo embebida en aquellos días que pasé contigo. Soy tan imbécil que un recuerdo me dura para masticarlo una eternidad, es mi historia, es mi vida… Es como tener un chicle en la boca al que se le acaba el sabor, pero no quieres tirarlo, te gusta darle vueltas y vueltas, aún sabiendo que ya no sabe a nada y que sólo se te pone cara de tonta moviendo la boca de aquella manera al masticarlo ya sin ganas. Cuando tú ya ni siquiera lo recuerdes, yo llevo días que no me sale la escena de la cabeza. La recreo, me recreo, la vuelvo a observar, la analizo, me obsesiono como cual perra…. Siempre fui así, obsesiva sentimentalmente hablando, hipersensible y esas cosas, aunque últimamente prefiero yo llamarlo: fidelidad con mis sentimientos, ya que tanto trabajo me cuesta deshacerme de ellos.
Recuerdo que pasaste conmigo tres días, tres días maravillosos, recuerdo lo bueno y lo malo, que también lo hubo (gracias a dios, porque a ver: a mí nunca me han gustado las relaciones perfectas, no las comprendo…). Pero no entiendo yo tu desapego a las cosas, a las personas, dígase YOOO. No comprendo tu facilidad para estar tan cerca y a la vez tan lejos.
Estuve dedicada a ti, totalmente entregada, totalmente amada y amando. Tú eras mi amante, y yo jugaba a cosas raras, siempre me gustó jugar, pero eligiendo por supuesto mi compañero de juegos. Me quisiste, me regalaste flores, me amaste… Jugamos al escondite y a más cosas, estando tan juntos… Jugamos a enfadarnos, a hacer las paces, jugamos a todo. Y ahora me estoy preguntando si en el juego aquel quizás uno de los dos tenía que perder, si es así no me cabe duda que soy yo la que pierde siempre. Porque siempre me quedo igual, tan vacía con tu ausencia que no entiendo. Tan de color gris se queda mi ánimo cuando luego te busco y no te encuentro….
Ya sé, sí…. Hoy al final has contestado a mi llamada, y yo me he hecho la loca. Pero es porque estoy harta de tanta ambigüedad, de tanta absurdez, de tanta pasión que ya dura años y no la logro controlar.
Yo sé que debo de cortar con esto, porque me hago daño, demasiado… Pero es que no sé cómo se hace, y además: no estoy segura de querer hacerlo…..

martes, 9 de agosto de 2011

Perdí todo....

Queria compartir lo que escribí hace tiempo, no mucho tiempo, hace meses, o quizás un año, no estoy segura, pero ahí queda... ESPERO QUE OS GUSTE, ES MI PARTE MAS PROFUNDA, MI PARTE MÁS YO....

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Perdí el eje de mi cuerpo por ti, perdí los estribos, perdí mi armamento.
Perdí los cimientos que ansié y logré construir, aún débiles, perdí todo eso por ti.
Porque cuando te nombro, porque cuando te veo, porque cuando estás, pierdo todo.
Porque cuando estás pierdo el sentido, porque si no estás es que el sentido no lo tengo.
Porque pregunto al “abismo” que me conteste: porqué te necesito tanto.
Porque no obtengo respuesta, porque no estoy vivo si no te tengo, por eso quiero estar allí…
Es por ello y más, que quiero estar con los idiotas, quiero estar idiota para no pensar en ti.
Tengo casi “mis huesos” rotos, de tanto soportar el peso de tu ausencia, y la cabeza vacía de nada que no tenga que ver contigo.
Y que me digan que sí, que habrá más personas….. Yo quiero esa, yo quiero sentir la química que siento con tu piel, no quiero otra, no quiero ahora mismo ni pensar en rozar otra que no sea tu esencia, tu calor, tu sudor…
Yo deseo seguir estando dentro de ti, aunque sea de vez en cuando, esa es vitamina para mi cuerpo. Yo quiero seguir atada a esta locura que me une a ti, porque eso es el amor, el amor pasional, y no quiero otro. Yo quiero seguir estando loca porque tú entres en mi cuerpo, y me inundes como un soplo de locura que me llena. Yo no quiero que te vayas nunca de mi cuerpo, yo quiero seguir soñando con el infinito de placer que me da estar contigo. Yo quiero que me inundes con tu semen, que me protejas cuando me llenas, quiero estar llena de ti. Y sólo quiero eso, que me llenes de ti y luego te calles la boca. Déjalo estar….

Armarios... niñez....


Perdida entre tanto hielo del frío invierno pasado, entre la hojarasca que dejó el amarillento otoño, y entre el calor que hizo en Madrid en días de Junio y que ahora parece que ya no hace. Perdida estoy en estos años que parecen sacados de un armario de madera húmeda y rasgada.
Si tuviera que poner una imagen a los últimos años se me viene a la cabeza un armario que había en el pueblo, en casa de mi abuela, de madera y viejo… Una visión algo lúgubre, oscura, pero aún así algo que da morbo para ir a tocarlo…. Un armario que tenía un espejo y todo, en el que yo me miraba en mi adolescencia, estupendamente, viendo a ver cómo me quedaban aquellas minifaldas tan cortas para lucir mis piernas… Aquellos trapos con los que yo me vestía y me sentía la muñeca más preciosa de toda la “casa de muñecas”….
Lástima que el tiempo pase y la inocencia aquella la vayamos perdiendo, porque era tan dulce ser niña…. Era tan maravilloso ser feliz sólo con una bicicleta y un par de chuches!! Sólo con tener una gominola en la mano y cinco duros me sentía la mujercita más feliz del mundo. Con un vestido algo corto y mis piernas morenas me creía comer el mundo, jajaja, y vaya que me lo comía. Veía un parque lleno de césped y espacio para correr y me lo engullía todo.
Pero bien es sabido que el tiempo y el hacerse “mayor” es directamente proporcional a los problemas que uno va teniendo, eso es más cierto que nada. Y con el tiempo así ha ido siendo, pero además acrecentado.
He pasado años buenos, años algo mejores que buenos, y otros algo peores. Pero es que los de ahora no me gustan nada. Y aunque no quiero hacerme más mayor, diría yo que estoy deseando que pase el tiempo a ver si algo cambia… Es contradictorio, sí. Yo, la eterna “coqueta”, la que no quiere crecer ni que pase el tiempo por no tener arrugas ni el cuerpo ni el culo caído… La eterna niña coqueta al máximo!!!!

Nunca estabas....


Así pega la lluvia contra mi balcón, como pega tu recuerdo contra las paredes de mi mente, contra los huecos de mi cerebro. Tan descabalgado y sin sentido que llueve y hace daño, sin compás, sin tener ningún ritmo, llueve como quiere, como le place a la naturaleza. Y me da antojo de asemejarla a tu recuerdo, porque quizás se parece, creo que sí que se parece. Llueve a antojo del cielo, y yo te pienso y te recuerdo a antojo de mi…
Te recuerdo ahora porque estoy oyendo la lluvia, si no lloviera seguro que no me acordaba de ti. Más que nada porque no mereces que te recuerde cuando sale el sol, cuando el color amarillo inunda mi alma y mi piel, y me baño con el sol, y tú no estás, porque no quiero que estés. Ya ni siquiera estás en el arco iris cuando se mezclan los dos, ya no te veo, ya además no te quiero ni ver entre aquellos colores de caramelo dulce.
No estuviste en mis mañanas soleadas, cuando yo miraba el nacer del sol e invocaba tu presencia, ahí no estuviste, amigo. Por eso hoy no quiero ya saber de ti. No me diste la mano cuando yo quería jugar con el arco iris pequeño que dibujó mi sonrisa, que poco a poco se iba abriendo, y tu mano no estaba, yo la tendí y no… No estaba tu mano. Tampoco en aquellos oscuros días de invierno que he pasado, tampoco estabas. Ni en otoño, ni en primavera, jamás estabas, nunca te vi por el camino de mi supuesto ascenso a la mejora, a la supuesta mejora que me quería yo misma proporcionar y tú no viste.
No estás en estos días de verano, donde las tranquilas mañanas soleadas dejan paso a tardes oscuras llenas de tormenta, de truenos y relámpagos en los que quizás antaño me hubiera gustado que me acompañaras. En los que como una niña asustada me agarro a mi alma e invoco a mis querencias, y tú no estás en ellas. Ya no estás. Te evaporaste. Te hiciste vapor para mis sentimientos, y el vapor no sé si se puede llegar a sentir, creo que no….
Así que: vete, marcha…..